
Con su típica ironía nuestro autor nos resume
el proceso de regulación por parte del estado y, posteriormente, la abolición de los burdeles o casas de
asignación, Novo destaca los derechos laborales que les fueron negados a estas
trabajadoras, una de las aristas de un mal contemporáneo la regulación de la
prostitución y el fin de la trata de
personas.
Las reflexiones de nuestro autor son el preámbulo
de una crónica detallada de la vida, usos y costumbres en los burdeles;
menciona la importancia que tenía el acto de “hacer sala”, acto del que el
dramaturgo Rodolfo Usigli señaló en su prólogo a Jano es una muchacha (1952):
Una noche que acompañaba, y guiaba, a un grupo de esos políticos que inexplicablemente llamados ‘de altura’, encontré en una casa [de citas] así a una extraordinaria muchacha –origen tal vez de Jano. Circunstancias del momento determinaron que la chica siguiera a uno de aquellos hombres. Por no sé qué volví a buscarla después y encontré no sólo en ella una sensibilidad vivísima, sino un lenguaje tan extraordinario que cualquier académico daría su vida por él: a más de correcto, era vivo.
Los burdeles, como otras tantas cosas,
pertenecen a otros tiempos, gracias a testimonios como el de Usigli y Novo
entre otros es que sabemos que esa otra ciudad y de esos otros actores de la
sociedad, adelante con la filípica publicada en la revista Caballero del mes de
julio de 1966.
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