
Cara a cara con
James R. Fortson.
Juan Alberto
Vázquez
01/12/2013 8:53
AM.
Cuando el gobierno sancionaba el ejercicio del
periodismo en México, este personaje fundó revistas de arte, humor, reflexión
política y erotismo.
México. "No queremos chicas desnudas y
tampoco artículos de política", le condicionó Enrique Mendoza, funcionario
de la Segob, a Jimmy Forston para dejarlo editar por segunda vez la revista
Caballero. Corría el año 1967 y para disipar cualquier duda, le advirtió:
"No olvide que sé a qué escuela van sus hijos, a qué hora salen, entran y
dónde viven".
"Estábamos amordazados por
Echeverría", recuerda, aunque acepta que don Luis solo acataba órdenes del
poblano Gustavo Díaz Ordaz. "Meses después de la primera clausura me
revelaron que la orden de cerrar Caballero había llegado directamente de Los
Pinos porque el primer mandatario consideraba que su hijo Alfredo se estaba
corrompiendo con mi publicación".
El director de la legendaria revista se
sacudió un poco el olvido al abrir recientemente cuentas en las redes sociales
Facebook y Twitter. Además tuvo la generosidad de donar a un estudiante la
colección completa de Caballero para que realizara su tesis de licenciatura. En
respuesta, el agradecido joven escaneó los contenidos de la publicación y abrió
el sitio http://revistamasculinacaballero.blogspot.mx donde cualquiera puede
revisar a detalle las páginas de aquellos inolvidables números.
FORTSON
EXISTE
Es la una de la tarde en un fraccionamiento de
Celaya y antes de tocar la puerta de su entrevistado, al reportero lo asaltan
las dudas: ¿Cuál James Forston lo recibirá? ¿El ejemplar editor que logró
conjuntar a colaboradores de la talla de Rius, Salvador Novo, Renato Leduc,
Carlos Monsiváis, Serio Magaña, Fernando Marcos, Juan López Moctezuma, Alberto
Isaac, Naranjo y Raúl Prieto (el entrañable Nikito Nipongo), entre decenas de
luminarias más? ¿Al que muchos reconocen como el Hugh Hefner mexicano por
combinar los desnudos con el arte y los temas de coyuntura? ¿O el cuatro veces
ganador del Premio Nacional de Periodismo y lúcido entrevistador que en los
ochenta sentó en su set de grabación a todas las estrellas que pasaron por los
escenarios mexicanos desde Ginger Rogers hasta Paul Anka, Rocío Durcal, Silvio Rodríguez
y Kiss? ¿Aparecería un ser resentido luego de que hace 21 años una funcionaria
lo expulsó del Olimpo de los medios electrónicos donde se hallaba, o
enfrentaría al hombre que le hizo "la entrevista de su vida" a
nuestro no Nobel, Carlos Fuentes?
El enviado de MILENIO encuentra a un personaje
de lento andar que no tarda mucho en mostrar trazos de elegancia, cultura y
sentido del humor. "Una madrugada confundí la puerta del baño con las
escaleras y rodé hacia abajo; me cosieron 10 centímetros en la cabeza y mi
memoria se vio afectada, así es que téngame paciencia", se justifica.
Empero, sus recuerdos no lo traicionan en ningún momento (salvo para citar el
nombre de algún funcionario que es mejor olvidar), y comienza por aclarar que
se llama así por decisión de su padre, oriundo de Cincinatti, y de su madre,
cubana de La Habana. Relata que ellos se conocieron en la isla y que el niño
James nació en el Distrito Federal, la capital mexicana. Que habla inglés desde
que recuerda y fue un niño feliz; pero casi sin adolescencia porque a los 16
años partió a Nueva York a laborar a una imprenta. Que la tinta que ingresó
hasta su sangre en esa oportunidad, le anunció que el mundo editorial sería su
destino y que al retornar a México se inició como reportero en 1956 en la
revista Negocios y Bancos y luego dio el salto al periódico Boletín Financiero
y Minero de México.
Sus ojos aún se iluminan cuando recuerda el
momento de su primera revelación: "Viviendo en Estados Unidos me impregné
de la onda neoyorquina y al mirar el éxito de Playboy sentí que en México había
un enorme vacío en revistas de ese tipo". En el país circulaba en ese
tiempo la revista VEA que a decir de James "era típica de peluquería y no
eran más que fotos vulgares de chicas vulgares, que para cortarse el pelo no
estaba mal, pero faltaba algo de más calidad". Fue entonces que fundó, a
los 26 años, D´Etiqueta, revista que editó de 1962 a 1964.
LA CENSURA
Jimmy naufragó al pretender fundar, asociado
con el caricaturista y empresario petrolero Abel Quesada, la agenda televisiva
Cabalgata, que resultó lujosa e incosteable, lo que no impidió que se hicieran
grandes amigos hasta la muerte del dibujante.
Al cierre de su primer proyecto siguió la
apertura en 1965-67 de Caballero que cerró por órdenes del gobierno y reinició
temporada a partir de 1968 para cerrar definitivamente un año y medio después,
bajo la era Fortson.
Ese mismo año maquinó el que considera uno de
sus hijos predilectos, Dos: Él y Ella, planeado para que lo pudieran ver
hombres y mujeres, la revista duró dos años hasta que "mis socios, en una
decisión que no compartí, separaron las revistas, a las que ya no les fue muy
bien pues Él fue censurada y clausurada por el presidente Luis Echeverría, bajo
el argumento de ser pornografía, y de Ella solo se editó un número pues nunca
llamó la atención". Su última revista como editor fue Eros (1975) que
cerró también por órdenes de Echeverría. Fortson lamenta no haber logrado
convencer a las autoridades de las sutiles pero bien marcadas diferencias entre
lo erótico y lo pornográfico.
En 1974, Forston abrazó la posibilidad de una
pequeña venganza. Cuando Echeverría conoció la entrevista que el periodista le
realizó al escritor mexicano Carlos Fuentes, entonces radicado en París, mandó
a su jefe de prensa, Fausto Zapata, a pedirle los derechos de la larguísima
charla convertida en el volumen Perpectivas mexicanas desde París. Un diálogo
con Carlos Fuentes a lo que don James se negó. Meses después llegó la clausura
referida sobre Eros.
CON
FUENTES EN PARÍS
"Cuando le escribí a Carlos Fuentes para
que me diera una entrevista y me contestó que con todo gusto, pero que me cobraba
mil dólares, me molesté mucho, guardé su carta en un cajón y pensé en mandarlo
al carajo. Ya después, consideré que esa cantidad podía ser una buena inversión
y perfecta posibilidad para la revista que dirigía; entonces compré mi boleto y
volé a Francia", recuerda Fortson sobre su primer contacto con el autor de
Gringo Viejo.
—¿Cuánto tiempo duró la entrevista?
"Dos días y tres botellas de Chivas
Reagal", nos dice al recordar el 6 y 7 de junio del 1973, quizá el par de
días más trascendentes de su carrera. Tras hospedarse en un hotel, a la mañana
siguiente tocó en la puerta de quien año y medio después de ese encuentro sería
nombrado por Echeverría como embajador de México en el país galo: "Aquí
está tu dinero Carlos, menos impuestos". El escritor aceptó el sobre y lo
invitó a pasar: "Fortson, a partir de este momento soy todo tuyo". Y
en realidad la sentencia se cumplió de manera precisa pues durante el tiempo en
que charlaron el escritor no dejó siquiera que le pasaran llamadas.
"El primer día terminamos con una botella
pero la charla no; así que regresé a la mañana siguiente a terminar".
Acepta que entrevistar a Fuentes le tomó un esfuerzo extra porque se trataba de
un hombre bastante culto, astuto, incluso arrogante; alguien que al nacer no le
tocó ni una pequeña porción de modestia". Estar frente a él, recibir las
oleadas de su cultura apabullante "me exigió estar bastante concentrado a
pesar del whisky que, por otro lado, ayudó para que él se abriera como nunca en
su vida", según prologó en Perspectivas... el escritor Gustavo Sainz.
Al llegar a México, Fortson editó la extensa
entrevista y la distribuyó en el número de diciembre del 73 de Él. "Fue mi
primer Premio Nacional de Periodismo", y aunque la gente le pedía una
segunda parte "sentí que ya había logrado un producto muy especial como
para echarlo a perder".
La charla con Fuentes, quien se muestra como
alguien vital, triunfador e irresistible, derivó en un interminable perlario de
citas: "Yo creo que ya no tiene salvación esta ciudad (el Distrito
Federal), ya se la llevo la chingada, de plano". "Me gusta el cine
desde que mi nana lituana, Teclunes Tankanaite, me llevó a escondidas a ver una
película de Greta Garbo en Montevideo". "Suelo acompañar mis jornadas
creativas con un disco en la tornamesa; eso me proporciona un ritmo que se
trasmite a la prosa, fundiéndose con ella".
PRESTIGIO
Y "VIRTUAL ASESINATO"
La calidad de sus productos editoriales, sus
pulcras y reveladoras entrevistas y la destreza en sus relaciones públicas
confirieron para Fortson un lugar destacado en los medios electrónicos. Entre
1969 y el 1990 creó, dirigió y condujo nueve programas de televisión en los
canales 8, 11, 13, TRM, RTC y Televisión Mexiquense. Destaca Cara a cara (mismo
tituló de los tres libros con sus mejores entrevistas): Conversaciones con
Jimmy Fortson, y Aplausos.
De sus más de mil entrevistas recuerda la vez
que alcanzó a Peter O'Toole en una playa de Nayarit, donde el actor filmaba Man
Friday. Allí sobre la arena arrancó la charla para Eros, misma que concluyó una
semana después en el Hotel Camino Real en la Ciudad de México. "Estando en
su suite, pidió a su esposa que ordenara una botella de whisky y nos dejara
solos". Toda una tarde de charla, grabación y copeo, generaron una
excelente vibra entre ambos personajes. "Por eso él me permitió
incursionar en intimidades y delicadezas... al punto de que en determinado
momento me dijo: 'Oye, tú te pareces a Scobbie, mi bulldog... Me acosas'. Y sí,
lo seguí acosando hasta que me lo dijo todo".
Fortson era una estrella del periodismo, con
programas de televisión incluso simultáneos en canales diferentes, y
entrevistas replicadas en la primera plana de Excélsior. Al dejar de editar, se
volvió colaborador permanente de Vogue, Impacto, Hoy, Siempre! y Contenido, en
tiempos en que los periodistas aún no alcanzaban la importancia de las figuras
mediáticas que hoy cobran mejor que un diputado. "Por ejemplo, cuando
entré a Canal Once, me pagaban 250 pesos por entrevista de una hora al aire, en
vivo, corriendo todos los riesgo del mundo".
Eran sus tiempos de gloria; su estilo
profundo, pero amable y nada inquisitorial, le granjeó infinidad de simpatías y
nadie le negaba una entrevista. Sus relaciones se reflejaron el día de su boda,
a la que asistieron ocho gobernadores, decenas de funcionarios, socialités y
luminarias del espectáculo. Por eso es menos comprensible su
"desaparición" de los medios donde era un habitual.
James R. Fortson lo cuenta así: "Mi socio
y mano derecha desde casi siempre, René Arturo Guzmán Romano —a quien con los
años le fue gustando el poder y el dinero, sobre todo esto último—, realizó
clandestinamente programas culturales en complicidad y contubernio pactado
financieramente con el director de Producción del Once, Sergio Gómez, para lo
cual utilizaron unidades móviles y decenas de técnicos del canal". Los
productos finales los facturaban a nombre de la empresa de Fortson, sin que
éste se enterara, y emitían los programas al aire para beneficio de los
citados.
El periodista insiste en que él no estaba
enterado de nada. Por lo mismo, fue una sorpresa cuando Alejandra Lajous,
directora de Canal Once, le habló para decirle que daba por terminada su relación
laboral de 17 años con el canal, argumentando la edad de Jimmy (entonces de 52
años).
"Alejandra Lajous, siempre se rehusó a
conocer la verdad de la historia, en la que estuvo involucrada una veintena de
sus trabajadores", y aunque nunca se lo dijo, él sabía que su despido
obedecía al fraude cometido por su colaborador. "Me imputó a mí y solo a
mí, de manera vulgar y mentirosamente solapada, una responsabilidad
ajena", dice.
Forston, también autor del libro Un perfil
humano (entrevista con Cuauhtémoc Cárdenas), señala que Lajous le creó un
injusto veto pues al conocer su salida de Canal Once, ya había convenido con
José María Pérez Gay, director del Canal 22, que llevaría su programa a esa
señal, pero un día después ya no lo quiso ni recibir.
En una entrevista con Raúl Cremoux para TV
Mexiquense, Forston retó a la señora Lajous a probar y justificar por qué lo
había despedido. Pero nada pasó. "Hubo gente que pensó que había muerto,
porque de repente desaparecí del mapa", dice aun dolido.
A partir de 1992, don James R. Fortson vivió
en Tepoztlan, luego en Taxco y ahora vive en Celaya. Se ha dedicado a
descansar, a leer, a escuchar música y a trabajar en proyectos editoriales con
gobiernos de los estados.
"Hemos terminado", le digo, y
entonces saca un Delicado con filtro y le acerca el fuego.
Fuente: http://www.milenio.com/cultura/Cara-cara-James-Fortson_0_199780353.html
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